domingo 16 de marzo de 2008

Caramanta Mitos y Tradiciones

Este trabajo es una recopilación de algunos mitos y cuentos de los habitantes del municipio de Caramanta Antioquia y que requieren ser divulgados como parte de su patrimonio inmaterial y de su identidad cultural.

Un agradecimiento muy especial a Mary Aceneth Sanchez Granada licenciada en pedagogía reeducativa y bibliotecaria de la Institución Educativa Juan Pablo Gómez Ochoa del municipio de Caramanta por su valiosa colaboración para esta publicación.



Caramanta Antioquia, además de ser considerado como el mirador más espectacular de Colombia y gozar de una monumental arquitectura urbana de tipo republicano, posee una rica tradición compuesta por mitos y leyendas, en donde se convinan espantos, duendes y brujas. Ha sido a través del paso de los años y sigue siendo hoy atracción para grandes y chicos, y encanto de sus visitantes, los relatos que ponen los pelos de punta y aceleran el corazón. Las tertulias, las conversaciones y la narración de cuentos, mitos y leyendas, florecen cotidianamente en las actividades agropecuarias, reuniones familiares y actividades religiosas de los caramanteños.

Estas tertulias o narraciones son ceremonias en las cuales los presentes se sientan en el suelo con las piernas cruzadas, agrupándose alrededor del relator, del cuentero, para escuchar cada uno de sus relatos e historias. Estos lugares donde la palabra y el gesto fluyen como ríos de agua viva, pueden ser tanto al aire libre como en la sala o habitación de la casa, junto al fuego al atardecer o al anochecer, en ocasiones acompañados con alguna bebida.

En Caramanta, anualmente se reúnen estas tradiciones con el desfile regional de Cuentos, Mitos y leyendas. A nivel del pueblo se entretejen muchas anécdotas con los personajes que han dado renombre al municipio.

La trama y personajes de los relatos se teje y desteje cuando pasa de padres a hijos y de hijos a nietos. Escuchando estas historias lejendarias y trnsmitiéndolas a las generaciones venideras se perpetua en la comunidad la identidad cultural que marca la diferencia con otros grupos culturales, cada pueblo tiene una cultura única.

Mitos y layandas populares en el municipio

El Papelito de La Candelaria:
En el puente que hay sobre la Quebrada "La Candelaria" que pasa por la Calle Conde fue encontrada una nota con la siguiente leyenda: "Sucederá y se verá que la Calle Conde por aquí bajará"; decían los viejos de entonces, que el papelito contenedor de semejante augurio lo había dejado caer un viajero desconocido que pasó por el lugar una tarde, casi al anochecer y que nadie lo volvió a ver.

Esto fue considerado como una maldición por las peleas contínuas que allí sucedían. Hoy, debido a una falla geológica del terreno de la Calle Conde se desplaza hacia abajo.


La Teresa:
La Teresa era el nombre de uno de los potreros que tenía la finca de La Casa de Teja; su nombre se dbió al del nombre de una mujer infiel muerta por su esposo. Cuenta la tradición que una vez cometido el crimen, el esposo la tomó entre sus brazos, la condujo a un pequeño plan que hay al lado derecho, una vez pasada la cañada, donde empieza el potrero "La Teresa", y la sentó sobre un tronco de rascadera, le puso un sombrero alón y de hombre en su cabeza y le puso un tabco sobre sus yertos labios; por varos días fue vista en esta pocisión por quiene por allí pasaban. Aun hoy, algunos aseguran que en las noches se ve la muerta con su tabaco entre los labios.


El Diablo y su Secretario:
El 8 de diciembre de 1924, día en que por peimera vez fueron tocadas las campanas del templo de Caramanta, aparecieron en la población dos hombres que nunca antes habían sido vistos; el público los miraba con recelo y el Cura Párroco hubo de intervenir en el asunto; en efecto conversó con ellos y les pidió en forma comedida que se fueran lo más pronto posible; los extraños, vista la insistencia del religioso, le dijeron: ¿como quiere que lo hagamos por tierra o por aire? y el sacerdote mirándolos fijamente y un tanto sorprendido por la pregunta, les contestó que lo hicieran por tierra. Cuentan los viejos que en ese mismo instante se desató un torrencial aguacero, una verdadera tempestad, como nunca antes había sido vista en la población y lo peor, la lluvia fue acompañada de fuertes ventarrones. Este hecho todabía se comenta entre la comunidad, y los dos extraños hombres eran el Diablo y su Secretario.


El Sombrerón:
Cuenta don Luis María Sánchez López, en su libro: Caramanta Tiempos y Recuerdos; que desde la casa donde vivía Rafael Valencia, dos cuadras abajo de la Calle Conde, hasta el lugar donde hoy está el Hospital "San Antonio", acostumbraba pasar entre las dos y tres de la mañana El Sombrerón, acompañado de la mula y de sus perros, como que en algunos casos se asomaban las muchachas a las ventanas de las casas de dos pisos para observar de donde provenían los ruidos y lamentos que se escuchaban, y el paseante por demás atrvido y descarado, les sobaba suavemente la cara; dicen que más de una fue cogida desmayada.


El Manilargo:
La casa de Los Guaduales, de los hermanos Restrepo, fue remodelada y quedó muy bonita. Lo más curioso es que los carpinteros, albañiles, pintores y demás obreros no encontraron rastro alguno del Manilargo. Esta casa y la contigua formaron una sola. Perteneció al doctor Juan Pablo Gómez Ochoa, y sus hijas la donaron a la parroquia, razón por la cual se le conoció durante mucho tiempo como "Casa del Cura".

La vieja casona tuvo "o tiene" espanto propio. Corrían los años cuarentaen, las oscuras noches apenas violadas por débiles bombillas en cada esquina, alimentadas por la planta de Arquía, por el costado que da el frente a el Milancito, donde el edificio forma cuatro pisos, allá, en la última ventana un enigmático personaje llamaba la atención de noctámbulos parroquianos.

- Oiga don. Oiga don...
En la oscuridad casi total, el interrogado transeúnte trataba de localizar el origen de aquella misteriosa llamada. Y efectivamente, provenía de la ventana más alta.

- Oiga señor, ¿me presta su candela? Insistía el de la ventana, mientras el de la calle replicaba.

-Pero, ¿como hacemos? Si se la lanzo desde aquí y usted no la apara, en esta oscuridad tan verraca se me pierde la candela.

- No se preocupe mi don que yo alcanzo por ella.

Inmediatamente empezaba a estira una extraordinaria mano desde los doce o más metros que hay de la ventana a la calle. Ya se imaginará el lector la veloz carrera que emprendía la despavorida víctima de este sujeto. (Arnoldo Palacio Obando. La Pizarra No 28 de mayo de 1992)


El Ánima de Conde:
Los Antiguos habitantes de Conde, nos cuentan que cuando se transitaba por los caminos de herradura en aquel entonces, en esta Vereda de Caramanta, y después de comprar el mercado en el pueblo, éstos regresaban a sus hogares en sus cabalgaduras, en el camino les salían dos ataudes y salía un ánima de uno de ellos, los caballos se asustaban y tiraban para atrás, tumbando a sus jinetes.


La Barbacoa:
Desde siempre por el camino que comunica a Caramanta con el vecino municipio de Supía, en el Departamento de Caldas, los pobladores han visto un espanto que a altas horas de la noche aparece. Es una barbacoa, que en medio de aullidos de perros desciende llevando el alma de un peregrino.

La barbacoa se manifiesta como una camilla, llevada por cuatro cargadores elevados del piso, con cirios que iluminan el camino, aterroriza aquien la ve, pues al oirse los pasos solo ven la sombra que infunde el miedo más profundo hasta perder el conocimiento.


El Bermúdez:
Cuentan que en la parte alta de Barroblanco, corregimiento de Caramanta, vivía un señor muy adinerado, tenía tres hijas a las que daba gusto en todos sus caprichos. Una vez le dijeron: queremos que desplumes una gallina viva para ver como cacarea, el papá cogío una gallina viva y la desplumó a la vista de todos.

Un día las hijas de Bermúdez le pidieron a su padre que pelara una vaca viva para ver como bramaba. El papá mandó traer la vaca más grande y gorda que tenía en el potrero. En el instante en que estaban pelando la vaca viva ocurrió algo espantoso, cuando estaban terminando de pelar la vaca, murió el señor Bermúdez en presencia de sus hijas y su esposa.

Desde entonces las almas de Bermúdez y sus hijas se condenaron y deambulan por los caminos de Barroblanco haciendo ruido con el cuero de la vaca. Cuentan que en las noches se ve a Bermúdez arrastrando cuatro cadenas con las cuales lleva atadas a sus tres hijas y a su esposa convertidas en perras. Aún existen huellas de Bermúdez por los caminos de Barroblanco.


Las Brujas de Alegrías:
"Que la hay...las hay, pero no hay que creer en ellas"
Son generalmente mujeres locas de deseo que ya no pueden satisfacer, son amigas de Satanás y les place la hechicería, los filtros de amor y la magia negra; gustan mucho de los hombres porque son muy lujuriosas.

Las brujas de Alegrías, corregimiento de Caramanta, son mujeres que embrujan a los hombres que se niegan a sus caprichos y encantos; o por el contrario, si no es de su gusto los atormentan y les hacen la vida imposible. Cuando visitan a su hombre, lo abrazan fuertemente, impiden su respiración y le hacen toda clase de maldades y travesuras.

Las brujas suelen transformarse en mujeres horribles, con los ojos rojos, la nariz puntiaguda, pasan volando por los tejados, los corredores de las casas, dando fuertes chillidos y riendo estruendosamente. Hacen toda clase de estragos especialmente en las cocinas donde mueven los trastos, pilan maíz para la mazamorra y demás actividades. Al otro día todo está en orden en las casas de Alegrías.


El Colmillón:
Fue un bebé que alguna desnaturalizada madre abandonó en un recodo del camino de Sucre. Allí lo encontró Cenoncito Soto, el encargado de llevar la parva de la panadería de don José Dolores Arias a las fondas de las distintas veredas, labor que varios años más tarde suiguió desempeñando su hijo Pablito.

Alguna vez regresaba Cenoncito, con su canasto vacío, el cual cargaba a su espalda y sostenía con un cargador en la frente, encontró al bebé abandonado, envuelto en un cobertor. Conmovido el Hojaldrero, como apodaban a Cenoncito, calculó la edad de la criatura en no más de un mes y de inmediato procedió a acomodar con mucho cuidado la criatura en su canasto. Al continuar su regreso, el Hojaldrero pensaba sobre la maldad de la madre de aquel inofensivo bebé. Al llegar al Alto de los Compadres, en el camino a la Silla, el Hojaldrero sintió que suavemente le hundían un dedo en su hombro derecho, como para llamarle la atención. El buen hombre soltó el cargador de su frente y miró lo más que pudo hacia atrás y se pasmó con la visión: el bebé, a pesar de su corta edad y de la rigidez de su envoltorio, se había puesto de pie en el canasto y lo estaba llamando para hablarle en estos términos: ¡Papá ya tiene dientes!. Y acto seguido abrió una horrible boca y le enseñó unos feos colmillos de aproximadamente tres pulgadas de largo.

No aguantó más el caritativo Hojaldrero; como pudo se desperndió del canasto, cargador y criatura y corrió entre caidas y choques con las piedras y barrancos por la oscuridad de la noche.